Figura de Cánovas

Cánovas del Castillo

D. Antonio Cánovas del Castillo

D. Antonio Cánovas del Castillo nació en Málaga el día 8 de febrero de 1828. Poseedor de un gran sentido nacional y de una clara vocación política como ideal de servicio fue capaz de ofrecer grandes soluciones a graves problemas de su tiempo, resultando ser un gran estadista, pionero en la consecución de un sistema político tipo que es el que presentan hoy la mayoría de países democráticos.

Presente en los avatares nacionales desde el final del reinado de Isabel II hasta su asesinato en el verano de 1897, pocas figuras hay en la historia contemporánea española que tengan un biografía tan excepcional como la de Cánovas. La Constitución de 1876 y el sistema político que imperó desde esas fechas hasta el golpe de estado de Primo de Rivera, en 1923, están vinculados a su persona, casi medio siglo en el proceso de modernización de la sociedad, la economía y el Estado español.

Hijo de un modesto maestro de escuela, su padre murió cuando él tenía trece años, dejando a la familia en una precaria situación. Cursó el bachillerato en Málaga, y en 1845 marchó a Madrid. En la capital hizo la carrera de derecho, pero sus inquietudes le dirigieron también hacia la literatura, el periodismo y sobre todo hacia la historia, dedicación esta última que no abandonó ni en los momentos álgidos de su vida política; escribió notables trabajos sobre los Austrias y la decadencia española, que le valieron el ingreso en la Academia de la Historia (1860). El hombre preocupado por la decadencia española intentará buscar sus causas en la historia para después ponerles remedio con la política. En este sentido, hay que destacar que Cánovas fue un intelectual de primera línea, hondamente preocupado por las cuestiones teóricas de su tiempo.

Sus logros fundamentales han sido reconocidos: el fin del intervencionismo militar mediante el "pronunciamiento", regulando la alternancia de los partidos en el gobierno; la reconciliación de la Corona con las fuerzas políticas más liberales; la consolidación del Congreso y el Senado como centros reales de la vida política; la incorporación al sistema del catolicismo político aislando así al carlismo, y la consecución de un marco político estable que facilitaría un desarrollo económico sostenido.

Ese espíritu de política de centro quedó confirmado al integrarse en la Unión Liberal, partido creado por O’Donnell para interponerse entre moderados y progresistas. Tras abdicar Isabel II, Cánovas pasó a dirigir la causa monárquica. Fue fortaleciendo paulatinamente el proyecto alfonsino en medios políticos y acrecentando la viabilidad de la restauración monárquica. Al terminar el Sexenio Revolucionario, Cánovas formó un gobierno que ejercería la regencia hasta la llegada de Alfonso XII.

Preparó e hizo aprobar la Constitución de 1876, estableciendo una monarquía liberal inspirada en las prácticas parlamentarias europeas, y diseñó un modelo bipartidista, formando él un partido liberal conservador, con Sagasta como líder de la opción política alternativa, que no era perfecto pero que resultó efectivo en el contexto de una época en la que la violencia política y los levantamientos militares no habían permitido la convivencia pacífica y la continuidad institucional necesarias para seguir desarrollando el sistema democrático.

Cánovas fue presidente del Consejo de Ministros del Reino de España en distintas etapas hasta su asesinato, el 8 de agosto de 1897.

 

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